en Joyería, Regalos originales

En la zona especializada en joyería de o2 sentimos predilección por las piedras semipreciosas. Sus colores, su brillo, su personalidad, son su gran atractivo. Eso y que la belleza y singularidad de estas piedras son protagonistas de una joyería atípica, de calidad, con piezas únicas y basadas en el diseño. Y concretamente para este mes, con una cita tan señalada como San Valentín, nada mejor que optar por el rubí rústico y el ónix. ¿El motivo? Dice su simbología que se trata de dos piedras ideales para el amor y los enamorados. Por simbolizar el amor puro y apasionado, y por darnos la receta para seducir a nuestro pretendiente. Pues eso, piedras irresistibles hechas para atraer.

 


rubi rústicoRubí rústico: rojo pasión, expresión del amor eterno Además de ser la piedra de mayor dureza después del diamante, su color rojo intenso y brillante es su principal característica. A fin de cuentas su nombre proviene del latín ruber, que significa rojo. Este color propio del rubí se debe al hierro y el cromo que lo componen. Según sea su tonalidad, y en función de su transparencia, hablaremos de una piedra preciosa de valor elevado, incluso prohibitivo, hasta llegar a una piedra más abrupta y opaca, y más asequible, que denominaremos rústica. Esta clase de rubí, de gran belleza y valor estético, sin ser una gema aunque compuesta por los mismos materiales y color que la piedra preciosa, ya que pertenece a la familia de los cuarzos, marca tendencia en el diseño de joyas contemporáneas, y su uso es relativamente reciente en joyería. En cuanto a su simbología, el rubí se considera fuente de energía, poder y seguridad interior. Se asocia además con la pasión y el amor, y es la expresión del amor eterno y sincero.

 

 

ónixÓnix: cuarzo negro y opaco, un amuleto ideal para el amor Formada por una mezcla de cuarzo y dióxido de silicón, esta piedra se presenta como una forma opaca del cuarzo. Su color suele ser negro, aunque puede variar y poseer tonos oscuros, grises o blanquecinos, a veces marmolados, incluso rojizos. Se trata de una piedra porosa y absorbente, de superficie suave y fina, caracterizada por un lustre y pulido cuidadoso, cuyo distintivo es la opacidad, es decir, que no pasa la luz a través suya. Al ser de color negro es fácil confundirla con el azabache. Bastará con comprobar si se siente frío al tacto, ya que el ónix es una piedra, mientras que el azabache es madera fosilizada. Esta piedra se usaba como amuleto para proteger de los malos espíritus o del mal de ojo a quien la llevara. Según su simbología, el ónix nos protege de las malas vibraciones, nos proporciona calma, auto-confianza y paz interior. Debe ser por todo eso que es una de las piedras más utilizadas en gemoterapia. Además, el ónix es la piedra ideal para el amor, porque con ella un amante será capaz de encontrar las palabras amorosas adecuadas para cautivar a su enamorado o enamorada.

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